Un último informe de la ONU: Cambio Climático y La Tierra, realizado por del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés), dio a conocer, entre otras cosas, cómo el clima está afectando la disponibilidad, el acceso y la estabilidad de los alimentos. Además de informar sobre qué medidas serían las más pertinentes para combatir esta crisis. El documento fue presentado tras cinco días de reuniones en Ginebra de los científicos del IPCC  y que fue aprobado por los 195 signatarios del Acuerdo de París.

La tierra ya se encuentra bajo una presión humana creciente y el cambio climático está sumando una carga mucho mayor, el mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC solo se puede lograr reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluidos la tierra y los alimentos. “La tierra juega un rol muy importante en el sistema climático. La agricultura, la silvicultura y otros tipos de uso representan el 23% de las emisiones de efecto invernadero. Al mismo tiempo los procesos naturales de la tierra absorben dióxido de carbono equivalente a casi un tercio del emitido por los combustibles fósiles y las industrias”, asegura el experto Hans-Otto Portner, presidente del grupo de trabajo del IPCC.

El ganado criado en pastizales de bosques despejados es particularmente intensivo en emisiones de CO2. Al mismo tiempo, las vacas producen una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir sus alimentos. La deforestación es otro de los grandes factores de destrucción producido por la industria ganadera, razón por la que se destacan la necesidad de preservar y restaurar los bosques, ya que absorben el carbono del aire, y las turberas, porque liberan carbono si se desentierran.

El documento corrobora que las dietas equilibradas que contienen alimentos de origen vegetal, como los basados ​​en cereales, legumbres, frutas y verduras, nueces y semillas, producido de forma sostenible presentan grandes oportunidades para la adaptación y la mitigación de este problema, a la vez que generan importantes beneficios colaterales en términos de salud humana.

Así mismo, la diversificación en el sistema alimentario puede reducir los riesgos del cambio climático, al igual que los sistemas sostenibles y de bajas emisiones de GEI (gas de efecto invernadero), presentan grandes oportunidades para un cambio significativo y permanente. Hacia el año 2050, los cambios en la dieta podrían liberar varios Mkm2 de la tierra.

“No queremos decir a la gente qué comer”, dice Hans-Otto Pörtner, sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad sobre dichos cambios. “Pero sería realmente beneficioso, tanto para el clima como para la salud humana, que la gente de muchos países desarrollados consumiera menos carne, y que la política creara incentivos apropiados a tal efecto”, afirmó.

En conjunto con estas medidas, el mismo informe también se recalca el problema que provoca el desperdicio de alimentos, antes y después del su venta a consumidores. Se estima que 1/3 de la comida que se produce es desperdiciada, aspecto a su vez genera más emisiones.

 

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