Al año, en Chile, se consumen 225 huevos por persona. Una cifra que alcanzó su récord en 2018 y que sitúa a éste producto cómo uno de los imprescindibles en la alimentación de los chilenos. Pero, ¿nos preguntamos, alguna vez, cómo llegan a nuestra mesa?, ¿qué sabemos realmente del sistema de producción que abastece esta enorme demanda?

Cuando hablamos de precio, hablamos inevitablemente del coste para las principales protagonistas del negocio: las gallinas. Esos animales a los que la ciencia ha atribuido una inteligencia excepcional producto de sus habilidades multitarea, de la empatía con sus pares y de su capacidad para resolver problemas lógicos, y a los que – sin embargo -, la industria trata cómo máquinas de producción durante dos años para luego enviarlas a matadero.

La vida de una sola gallina ponedora ha de ser, probablemente, una de las historias más tristes de las que podamos enterarnos jamás: encerrada en una jaula no más grande que el tamaño de una caja de zapatos, junto a cuatro compañeras, pasará el resto de su vida sin poder extender sus alas siquiera una sola vez. Tampoco podrá dar un paso. El confinamiento provocará, lentamente, que sus huesos se vuelvan débiles, sus patas se atrofien y sus músculos dejen de cumplir sus funciones naturales. Su vida irá del estrés por  la confusión que provocan los cambios de luz artificial en los galpones de crianza a la frustración producto del encierro y el aburrimiento.

Es más, las gallinas son sometidas al corte de pico – sin anestesia y a temprana edad -, para evitar prácticas de automutilación o mutilación a sus compañeras de jaula, conducta que es producto de la desesperación provocada por el hacinamiento. Si a esto sumamos el hecho de que existen cuatro gallinas por persona en el mundo y son, por tanto, el animal más explotado en cuánto a cifra de individuos, el panorama es realmente desolador.

Este es el sistema tradicional para obtener huevos. Un sistema que predomina y que en Chile abarca el 97% de la producción total. En el mundo, existen coaliciones como la Open Wing Alliance – de la que Vegetarianos Hoy forma parte junto a más de 60 organizaciones -, trabajando estrechamente para lograr cambios significativos en el bienestar de las gallinas y promoviendo aquellos en dónde cada animal pueda desarrollar comportamientos instintivos básicos, como escarbar la tierra, dormir en perchas o anidar libremente. Aunque el camino hacia el fin de este abuso es largo, el trabajo de la coalición y de otras organizaciones independientes por cambiar la vida de millones de gallinas en el mundo ha sido fructífero; tanto, que ha logrado que empresas tan grandes como Nestlé, Bimbo, Kellogg’s o Sodexo, optaran por abandonar paulatinamente el uso de huevos de gallinas enjauladas en sus productos.

Un paso que sin duda marca un precedente importante en miras a poner fin al sufrimiento de millones de animales en el mundo, velando por su calidad de vida y por avances tan simples pero significativos como el hecho de que miles de gallinas puedan, al menos, llegar a extender sus alas.