¿Por qué libre de jaulas?

La mayoría de las personas no llegamos a conocer jamás los diferentes sistemas productivos en los que viven y mueren millones de animales a diario. Cerdos, vacas, conejos, corderos, pollos o gallinas pasan, día tras día, sometidos a estrés, confinamiento y sufrimiento en el más absoluto silencio. Las gallinas son los animales que más sufren en número dentro de la industria. En el mundo hay cuatro gallinas por cada ser humano y sobre el 95% de ellas puebla el planeta viviendo en condiciones inhumanas durante toda su vida productiva.

Aunque es una realidad difícil de aceptar para la sociedad y cambiar también lo es, creemos firmemente en los pasos que podemos dar en busca de su bienestar. Esto, porque optar por una forma de crianza u otra es capaz de marcar una diferencia radical para millones de animales en la industria del huevo.

JAULAS EN BATERÍA

El sistema tradicional de obtención de huevos consiste en encerrar a cuatro o cinco gallinas durante toda su vida en pequeñas jaulas llamadas “en batería”; un espacio no más grande al de un iPad o una caja de zapatos dónde jamás pueden llegar a abrir sus alas. Sus músculos se atrofian, sus huesos se debilitan y las conductas de depredación se vuelven comunes a causa del estrés. Se ha estimado que el 14% de ellas muere producto de las condiciones precarias de vida que soportan en las jaulas.

No son pocas las empresas o entidades de gobierno que han reconocido abiertamente lo “inhumano” de ésta práctica y que han tomado medidas para sustituir el uso de huevos de gallinas enjauladas por otros que busquen ser más respetuosos con estos animales. Francia pretende terminar con su abastecimiento de este tipo de huevos para el año 2025, y grandes empresas como Bimbo, Marriot o Starbucks, se han comprometido para dejarlos atrás definitivamente en el mismo plazo.

En su lugar, productores y consumidores han puesto su atención en sistemas de producción que permiten que cada gallina pueda desarrollar sus comportamientos instintivos básicos, tales como dormir en perchas, decidir dónde anidar, caminar, extender sus alas y escarbar la tierra o darse baños de arena. La sola posibilidad de poder vivir día a día experimentando estas sensaciones propias de su especie, crea una diferencia fundamental a la hora de optar por un tipo de huevo u otro; una esperanza que podemos hacer real a través de nuestra decisión como consumidores.

¿QUÉ PASA EN CHILE?

En nuestro país se consumen 230 huevos por persona cada año que provienen de 14.800.000 millones de gallinas repartidas a lo largo del país. El 98% de ellas sometidas al sistema tradicional de crianza.

Sin embargo, la producción de huevos cage-free avanza a pasos agigantados en el mundo y Chile no está ajeno a la tendencia. Para comienzos de 2019, la industria ha crecido de un 1% a un 2% según datos oficiales de ODEPA. Aunque siga siendo una cifra insignificante en relación a la producción total, éste porcentaje y el hecho de que sus ventas se han cuadruplicado en los últimos 6 años, da cuenta de la importancia que ha tomado el tema para los consumidores chilenos.

En una industria que ha aumentado un 42% su producción mundial desde el año 2000 y en un país dónde el consumo de huevo ha crecido en un 8% (2017), crear consciencia sobre el origen de los huevos y los diferentes sistemas productivos desde donde se obtienen es trascendental para avanzar hacia un mundo más respetuoso con los animales. Cada pequeño paso que damos en esa dirección le da una nueva oportunidad a los casi quince millones de animales que sufren en la industria del huevo.