La información recabada en diversas empresas avícolas entre la segunda y séptima región del país pone en evidencia cómo el sistema de cría tradicional supone un gran sufrimiento para las gallinas ponedoras.

Hacinadas en un espacio no mayor al de una caja de zapatos, sometidas a condiciones anormales de luz para aumentar la cantidad de huevos que ponen y condenadas a una vida entera sin poder caminar ni estirar sus alas. Esa es la realidad de casi 15 millones de gallinas ponedoras en Chile, la que pudo conocerse tras la publicación de una investigación en el marco de la campaña #ChileLibredeJaulas de la fundación Vegetarianos Hoy, en la que se pueden ver las extremas medidas utilizadas por la industria nacional del huevo.

En Chile se consumen aproximadamente 230 huevos por persona al año, provenientes de 14.800.000 gallinas ponedoras. Según datos de Chilehuevos, el 98% de ellas están hoy confinadas en jaulas en batería, un sistema que actualmente está prohibido en más de 30 países alrededor del mundo, incluyendo la Unión Europea, debido a su falta de bienestar animal. Pero, ¿en qué consiste este método de crianza?

El sistema tradicional de jaulas en batería consiste en encerrar de cuatro a ocho gallinas en jaulas de metal muy pequeñas, donde casi no pueden moverse.  Para intentar controlar las conductas de depredación generadas a causa del estrés, se les mutila cortándoles el pico sin anestesia. Después de años viviendo de esta forma, los músculos de las aves se atrofian y sus huesos se debilitan debido al confinamiento. Se estima que alrededor del 15% de ellas muere producto de las precarias condiciones de vida. Al finalizar su vida productiva, que dura de dos a cuatro años, son llevadas al matadero.

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