Por: Teresa Torres

Hace un par de semanas conocí a miembros de The Save Movement. Estaban de paso por Lima en su camino a Arequipa y otras ciudades de Argentina, Colombia, Ecuador y Chile, para ser testigos del sufrimiento de los animales y darlo a conocer al mundo.
Llevaban muchas horas sin dormir, tratando de aprovechar su tiempo al máximo para ayudar a los animales. Me impresionó su compromiso, debido a que, en general, como activistas, ya sabemos los duras que son las condiciones de los animales destinados al consumo, desde la crianza, pasando por el transporte, hasta el matadero.  Sin embargo, más allá de imágenes (que muchas veces ni terminamos de ver), no hemos sido testigos cercanos de ese sufrimiento. No nos hemos acercado a un cerdo en el camión, no lo hemos visto bajar a la fuerza, no hemos visto de primera mano cómo lo asesinan. Tampoco nos hemos acercado a darle agua y cariño en esos últimos momentos. No hemos experimentado tan de cerca la injusticia que queremos cambiar.
The Save Movement, en cambio, busca ser testigo del sufrimiento de los animales destinados al consumo humano. Por eso, sus activistas se trasladan a los camales o mataderos para esperar la llegada de los animales en pésimas condiciones. Esperan a las vacas, cerdos, gallinas, pollos, etc, que han sido trasladados de manera cruel, sin poder descansar, heridos, sin agua ni alimento. Pero no solo documentan este proceso, sino que también se acercan a ellos, les hablan, les dan agua y cariño. Hacen que las vidas miserables que han llevado conozcan algo de amor y compasión antes de ser asesinados.

La organización comenzó en Toronto el 2010 junto al grupo Toronto Pig Save, de la mano de Anita Krajnc, activista que fuera juzgada en el 2015 por haber dado agua a unos cerdos que estaban hacinados en un camión a altas temperaturas. Uno no puede dejar de sorprenderse ante la injusticia que supuso este caso. No hay nada que evidencie más el especismo de una sociedad que los juzgados sean los que muestran compasión a los animales, y no los que los torturan. Afortunadamente, fue absuelta, y su juicio sirvió para exponer ante la gente el sufrimiento de los animales que nos comemos.

Ahora, The Save Movement tiene grupos que organizan vigilias por todo el mundo. Para Latinoamérica, tienen una página de Facebook en español, donde podemos estar al tanto de las vigilias que hacen y de lo que documentan. Si te interesa, puedes ubicar los diferentes grupos en cada ciudad y país en su  página.

Algunos pueden pensar que este activismo es muy desgastante y doloroso, y que tal vez haya formas más efectivas de ayudar a los animales.
En realidad, The Save Movement viene cumpliendo diversos objetivos. Le muestra al mundo directamente qué es lo que sucede con los animales cerca de ellos y hace que más gente sea vegana.
Pero sobre todo y, lo más importante, es que no se olvidan de cada animal que llega al matadero. Esos cerdos, vacas, gallinas, pollos, pavos, cabras etc, que para muchos son simplemente números, se convierten en individuos que le importaron a alguien. En palabras de una de sus activistas, hablando de este cerdo: “El fue uno de los cientos de seres que vimos morir hoy. Llegó casi dormido en el camión al matadero y se sintió a gusto mientras le acariciaba y le pedía perdón en nombre de mi especie. Su mirada aniquiló mi corazón y no lo olvidaré nunca más en mi vida”.