13 DE SEPTIEMBRE DE 2017 ~ TOBIAS LEENAERT

Supongamos que te piden que escribas el perfil ideal de una cita online para ti, y que sólo puedes usar una palabra para describir qué es lo que deseas que tenga tu pareja. ¿Qué cualidad estarías buscando antes que cualquier otra cosa?

La mía sería: con mente abierta. Es la cualidad que te garantiza poder hablar y tener buenas conversaciones pase lo que pase. Te garantiza empatía, ya que estás dispuesto a escuchar todo y a considerar todo tipo de cosas, y te asegura, en pocas palabras, el crecimiento.

Lo opuesto a tener mente abierta es ser dogmático. Ser dogmático es básicamente tener la actitud de no cuestionar las cosas que uno se cree. Uno no es necesariamente dogmático de forma generalizada, considerando que hay miles de temas imaginables para discutir , pero uno definitivamente puede ser dogmático sobre ciertos temas.

Si eres vegano, entonces es probable que, como yo, anteriormente hayas pasado bastante tiempo de tu vida aceptando cierto dogma con respecto al consumo de animales. Estuviste en cierta caja a la que llamo la caja del “carnismo” (término acuñado por Melanie Joy).

Estar dentro de la caja del carnismo. Ser sujeto de la ideología del carnismo te hizo aceptar todos los tipos de ideas dogmáticas, como por ejemplo, que comer productos de origen animal es natural, normal y necesario.

Entonces, si te ocurrió lo mismo que a mí, luego de un tiempo, se te ocurrió la idea del dogma. Abriste la caja y saliste de ella como un vegano (quizá al principio como un vegetariano, aunque está bien).

Ahora, lo que pasó es que me di cuenta que, luego de muchos años siendo vegano, hasta cierto punto, terminé en otra caja. La caja vegana.

Tal como había estado aceptando dogmáticamente todos los tipos de creencias anteriormente, ahora estaba haciendo lo mismo. Pensaba en el veganismo de la única forma que se permite pensar sobre éste: honrando la definición que data de diez años. Cabe señalar que tan pronto como uno haga una excepción, uno no es vegano. Repetí el mantra eterno que no trataba sobre el bienestar, sino que de los derechos (y usé bienestar como una palabra sucia – ¿cuándo se convirtieron en eso? Y así sucesivamente.

Entonces, hace un par de años, salí de esa caja de alguna forma. Comencé a cuestionarme todo una vez más. Creo que estoy llegando, en gran medida, a las mismas conclusiones como cuando estaba en la caja del carnismo, pero esta es la realidad. Este es el acto mismo de cuestionar lo que es importante. Es eso lo que nos protegerá del fundamentalismo. Es lo que nos mantendrá con la mente abierta y nos mantendrá lejos del dogma, que es lo que no nos deja mejorar.

Y la necesidad de cuestionar, reflexionar, ser consciente de sí mismo no ha acabado. Es posible que termine en otra caja más. Podría llamarse…la caja de la apertura mental, la caja anti- dogmática, la caja pragmática. Creo que podemos hacer cajas, ideologías, fuera de todo.

Una caja es mejor que la otra, aunque es mejor no estar en ninguna caja y mantener libre nuestro pensamiento.