Desde el próximo mes de marzo, los cocineros de restaurantes suizos tendrán prohibido echar langostas vivas en agua hirviendo,  siendo el resultado de una revisión a su legislación en materia de protección animal, hecha durante la segunda semana de enero de 2018.

“Los crustáceos vivos, incluida la langosta, ya no podrán ser transportados sobre hielo o agua helada. Las especies acuáticas deben mantenerse en su entorno natural. Desde ahora los crustáceos deben ser aturdidos antes de matarlos”, estipula la normativa aprobada por el Gobierno suizo. No obstante, en dicha regulación no se explica con qué método ha de hacerse, y en cada restaurante se prepara de una manera distinta.

A su vez, en junio del año pasado, el tribunal superior de Italia determinó que las langostas no deben mantenerse vivas en hielo en los restaurantes, puesto que esta circunstancia les causa un sufrimiento injustificable antes de que se las mate.

Lo anterior nos lleva a reflexionar: ¿Cuál es la manera menos cruel de matar a una langosta o un crustáceo? ¿ Existe alguna? Debido a que no se conoce exactamente cómo experimentan el sufrimiento, y que su sistema nervioso no tiene un punto central sino varios focos de acción en su organismo, “la solución” tampoco es sencilla y se ha dejado en manos de cada cocinero.

Algunos estudios publicados en la última década, parecen concluir que estos animales sí reaccionan ante estímulos nocivos, pese a tener un sistema nervioso completamente distinto a los vertebrados. A pesar de esto, muchos aseguran que los crustáceos se parecen más a los insectos que a animales vertebrados.

Aunque no se puede precisar cómo padece el dolor una langosta, se ha demostrado que su sistema nervioso despliega mecanismos con los que reacciona a una interacción perjudicial, y gracias a este antecedente, Suiza ha preferido  prohibir el trato cruel a los crustáceos en las cocinas de los restaurantes.

“No hay una prueba absoluta, pero al realizar experimentos casi todo lo que observé era consistente con la idea de dolor en estos animales”, señaló Robert Elwood,  profesor emérito de la Queen’s University en Belfast, Irlanda del Norte, especializado en comportamiento animal . “Debería haber una forma más compasiva de tratar a las langostas”, concluyó. En sus experimentos, pudo demostrar que los crustáceos protegen las extremidades heridas y evitan soslayan las zonas donde han sufrido un ataque, puediendo abandonar sus conchas si es necesario.

Entre los métodos más usuales  para matar a estos animales, se incluye introducir a las langostas vivas en una olla de agua hirviendo; Atravesarlas por el centro de la cabeza con un cuchillo, justo por donde tienen uno de los nervios principales, sin embargo,  las langostas tienen otros dos nervios en zonas distintas; Cocinarlas al vapor ,siendo esta técnica la más cruel para la langosta, ya que constituye una muerte más lenta para el crustáceo, ya que el agua tarda más en llegar a los nervios, cerca de un minuto; Algunos, optan por cortarlas a la mitad e inmediatamente, poner cada una de las mitades en una parrilla para que la muerte sea más rápida que al hervirlas; Finalmente,  hay quienes escogen aplicar una descarga eléctrica sobre los crustáceos, o anestesiarlos, pues estiman que es el método mas indoloro.

Mientras que en algunos restaurantes ya se practica la electrocución, para otros, el costo de esta práctica esta fuera de su alcance.

Si bien, el consenso general de los cocineros es que es fundamental tratar a los animales con respeto, aunque luego sean considerados como productos que se servirán en un plato, podemos ver en esta medida un paso para que muchos se planteen que los animales son seres dotados de sensibilidad y que se les ha de tratar de inflingir el mínimo dolor posible.

Regular un trato más ético para las langostas, evitándoles “un  trato cruel en la cocina”, por ser uno de los pocos animales que muchos  matan directamente para consumirlos,  no puede hacernos  ignorar con más facilidad ese tipo de sentimientos respecto de otros animales incluidos en productos de nuestra dieta.

Si todavía no lo haz hecho, recuerda apoyar la campaña #NoSonMuebles