Un nuevo estudio científico publicado recientemente, señala que el consumo de un simple trozo de plástico genera una probabilidad de muerte de 1 a 5 en tortugas marinas. La probabilidad aumenta al 50% si son 14 trozos los consumidos.

El estudio, al mismo tiempo, arrojó la información de que ejemplares juveniles de tortugas se encuentran en mayor riesgo de morir a causa del plástico, que los adultos. Esto es desolador, considerando el hecho que las nuevas generaciones son vitales para preservar las especies.

Efectos del plástico

Una de las grandes preocupaciones que giran en torno al plástico en los océanos, es el hecho que aún muy poco se sabe del grado de destrucción y muerte que genera en la fauna marina, producto de su consumo.

Se ha documentado enmallamientos de ballenas, redes de pesca fantasmas, líneas que han cobrado la vida de miles de ejemplares -desde pequeños cangrejos hasta gigantes cetáceos- en todos los océanos del mundo. No obstante, poco se sabe sobre el consumo accidental de plástico y el grado de impacto que sus efectos produce.

De acuerdo a científicos que realizaron este estudio, se estima que la mitad de la población de tortugas marinas del mundo ya ha tenido la posibilidad de consumir plástico. Sin ir más lejos, estiman que el 90% de las tortugas juveniles en las costas de Brasil ya habrían “comido” plástico (considerando estadísticas y funcionamiento de las corrientes marinas).

¿Cómo llegaron los científicos a esta información?

Los científicos se basaron en dos registros:

  1. Reportes post-mortem de ejemplares.
  2. Registros de ejemplares varados, en Queensland, Australia.

Luego de analizar esos registros, los científicos pudieron llegar a la conclusión de que si un ejemplar ha comido más de 200 trozos de plástico, la muerte es inevitable.

14 trozos de plástico significan 50% de posibilidad de morir, mientras que un trozo representa 22% de probabilidad.

Los números anteriores se deben a una simple razón: Debido a su sistema y tracto digestivo, las tortugas marinas no pueden regurgitar. Esto significa que un trozo de plástico puede obstaculizar el tracto, evitando que nada pase por él y, de ese modo, bloqueando el ingreso de cualquier alimento.

Del mismo modo, el consumo de estos plásticos puede generar lesiones en el interior de las tortugas, desencadenando fatalidades.

El estudio también arrojó un dato muy interesante: las tortugas jóvenes tienden a consumir mucho más plástico que los adultos. La razón es simple: los jóvenes tienen una conducta que se centra en flotar en la superficie marina, lo cual las hace mucho más susceptible de encontrarse con toda la basura y desperdicios humanos que se encuentran flotando, en especial aquellos plásticos ligeros.

Las tortugas marinas tienen una expectativa de vida de 80 años y pueden reproducirse por décadas. No obstante, el impacto negativo del ser humano con sus desechos, pone en serio riesgo la subsistencia de estos ejemplares en el mundo entero.