Durante este fin de semana, nos enteramos de una triste noticia: el director del zoológico de Boras (Suecia), Bo Kjellson, admitió que en los últimos años han sacrificado a nueve cachorros de león sanos. Esta decisión se fundamenta en que, como no pudieron reubicarlos en otros zoológicos, se enfrentaron a problemas de espacio, lo cual incrementaba la posibilidad de que los leones se agredieran entre ellos.

Según informó el diario El País en su edición del 14 de enero: “De los 13 ejemplares nacidos en el parque de Boras —en el sur del país— desde 2012, que en su momento fueron presentados a los medios con gran orgullo e incluso recibieron nombre propio, apenas quedan dos, según ha informado el diario sueco Aftonbladet en su edición dominical”.

Casos como éste y el de la jirafa Marius (que fue sacrificada y utilizada como alimento para otros habitantes del zoo, para evitar la reproducción de animales consanguíneos), cuestionan nuevamente la función de estos establecimientos. Pues ¿qué sentido tiene el cautiverio de leones, jirafas, cebras, tigres, etc., si deben ser sacrificados por sobre población? ¿Cuál es el aporte de estas prácticas a la conservación de la vida silvestre?