Años atrás, varios años atrás, cuando dejé de consumir carne no tenía mayor conocimiento de lo que implicaba una vida #crueltyfree.

Desconocía lo importante que escoger productos sin testeado animal, era una consumidora ignorante y cómoda, total “ya me sentía bien al no comer animales”.

Afortunadamente hoy contamos con mucha información al alcance que nos permite ser compradores conscientes y responsables y con eso aportar directamente a una industria respetuosa con el bienestar animal.

Fue así que de a poco conocí marcas coherentes con mi estilo de vida y comprobé por mi propia cuenta que la afirmación clásica de que “los productos cruelty free son caros y difíciles encontrar”, no es más que otro mito.

Mi hogar está constituido por mi pareja y yo (y nuestra perrita Buda) y esto es lo que hay en nuestro baño:

Los invito a comprar conscientes, a escoger productos con sellos que certifican que son libres de testeo animal. Demostremos a la industria y empresarios que tenemos el poder de hacer cambios y que al ser consumidores informados exigiremos que las marcas respeten el bienestar animal en la elaboración de sus productos.