[Suena increíble pensar que en 2018 existan aún naciones que insistan en cazar ballenas, no sólo frente a la fuerte oposición de prácticamente el 90% de la humanidad, sino también al rol fundamental que estos ejemplares cumplen en el equilibrio de los ya mermados y moribundos océanos]

Japón, contrario a lo que muchos piensan, no es la única nación que tercamente insiste en cobrar la vida de estos gentiles cetáceos.
Recientemente, el ministerio noruego de pesca ha decidido incrementar en un 28% la cuota -auto impuesta- de caza de ballenas. Esta medida atenta directamente en contra de las disposiciones vigentes y establecidas por la Comisión Ballenera Internacional, ente regulador de ésta y otras materias.

Lo anterior se traduce, en concreto, en la posibilidad de dar muerte a 1.278 ballenas con fines exclusivamente comerciales. De acuerdo a la información entregada por las autoridades de ese país, la caza encuentra su justificación en derechos históricos y culturales.

Disminución en la práctica:

A pesar de estas inverosímiles iniciativas, impulsadas en el 99% de los casos por los gobernantes -y no los gobernados- lo cierto es que los incentivos por cazar ballenas sólo disminuyen.
En Islandia, por ejemplo, cada vez aumenta más la conciencia social en favor de estos gigantes mamíferos. De hecho, desde hace ya unos años existe en ese país una ONG llamada “Hard to Port“, cuyo exclusivo fin es combatir la caza de ballenas.

En 1950, Noruega contaba con una flota ballenera de 350 barcos. En 2017, sólo 11 quedaban activos.
La gente ya no quiere consumir carne de ballena y gran parte del “producto” obtenido gracias a estas masacres es enviado a Japón.

Los tiempos van cambiando y son sólo las viejas y retrógradas generaciones las que insisten en estas insulsas prácticas.

Naciones balleneras:

Existen, en la actualidad, tres naciones que se excluyen (dejando al margen la caza aborigen) de las disposiciones establecidas por la Comisión Ballenera internacional, en materia de conservación de cetáceos: Noruega, Islandia y Japón (este último, busca justificar la cacería con fines científicos).

Ballena minke capturada por ballenero noruego, 1999. Fotografía: John Cunningham/AFP/Getty Images

Ballena minke capturada por ballenero noruego, 1999. Fotografía: John Cunningham/AFP/Getty Images

A estas alturas, ya es evidente el hecho de que no se trata de un tema cultural, esos son subterfugios baratos y fáciles para “salir del paso” a falta de argumentos sólidos y de pesos. Todo lo contrario, se trata de egoísmo y pura ambición económica.

Los gobernantes de estas naciones, insisten en imponer sus viejas costumbres a nuevas generaciones que hoy en día son muchísimo más cercanas a conceptos de empatía y compasión que sus predecesores.

Nuevas generaciones que ya alzan la voz y sus puños, en pos de un cambio.