Los gustos son como los colores, diversos. Hay matices y grados, cuyas apreciaciones están directamente ligadas a nuestras percepciones, a las emociones que ellos generan en nosotros.

La música no es la excepción. Algunos sentimos la necesidad de refugiarnos en corrientes determinadas, debido a diversas experiencias -generalmente vividas en nuestra niñez/adolescencia- que, en cierto modo, nos han moldeado a ser lo que ahora somos o -en muchísimos casos- nos impulsan a mejorar.

A muy temprana edad descubrí el heavy metal. Era un niño bastante introvertido, por aquel entonces. La energía, actitud y letras contestatarias tuvieron un efecto aplanador en aquel oyente que sólo conocía bellas canciones The Carpenters y Beats de Michael Jackson.

Esa actitud de ir por lo que sientes correcto, sin importar ser visto como un “outsider”, el bicho raro que no encaja en el grupo.

Bolsas de plástico en el mar:

Un día, sentado en la playa, tuve la posibilidad de ver lo que creía ser una gran medusa blanca, flotando en el mar y aproximándose. Fascinado, corrí rápidamente a la orilla para verla de cerca.

De golpe y con mucha desilusión, me di cuenta que no se trataba de un ejemplar marino y vivo, sino de una gran bolsa plástica, con el logotipo impreso de un Supermercado de región que se encontraba a más de 8 horas de distancia.

Ese sentimiento de desilusión gatilló la necesidad de generar un cambio, con acciones, ya que las palabras y posteos no bastaban.

Meses después, en Octubre de 2008, una de mis bandas favoritas lanzaba su cuarto disco de estudio (Gojira – The way of All Flesh), con el segundo corte del álbum titulado “Toxic Garbage Island” (refiriéndose a la isla de basura del Pacífico)

“PLASTIC BAG IN THE SEA, PLASTIC BAG IN THE SEA!” (bolsa de plástico en el mar) es lo que gritaba, reiteradamente, el vocalista de la banda. Un grito visceral que transmitía desilusión, la misma que yo había sentido 9 meses atrás en una playa del Norte de Chile.

El círculo estaba completo. La misma sensación experimentada no era sólo mía, sino que también por un tipo que hacía su vida en Bayonne, Francia. Ambos a miles de kilómetros de distancia, uno del otro, pero conscientes del estado actual del planeta. Había que comenzar a luchar por el cambio.

A fines de ese mismo año decidí sumarme como voluntario a Sea Shepherd y tomar acción en la lucha por la preservación de los océanos y sus frágiles ecosistemas.

Las coincidencias, en muchos casos, tienen un significado mucho más profundo que un mero hecho fortuito. Si también lo piensas así: Empodérate, sal y lucha por generar un cambio.

Diseño: Jorge Gamboa, México.