Estamos en Semana Santa y en los países donde la celebran se sigue la tradición de no comer carne (roja) y reemplazarla por el consumo de pescado. Ésta es una tradición tan fuerte que incluso en hogares no católicos se preparan platillos con pescado para esos días.
Como vemos, se deja fuera del significado de ‘carne’ a los peces. Muchos también creen que ser vegetariano solo excluye la carne de res, y que sí se puede comer peces (o inclusive pollo).

Sin embargo, si nos compadecemos de las vacas, pollos y otros animales, no hay razón para no hacerlo también con los peces. De hecho, constituyen los animales más explotados por la industria.
Según los cálculos hechos por la organización
http://fishcount.org.uk/, se estima entre a 1 a 2,5 billones el número de peces capturados en mar abierto. Y en las granjas de peces, el número oscila entre los 120 mil millones.

Además, a diferencia de los otros animales usados para el consumo, no existe ninguna normativa que regule las maneras en las que se caza y mata a los peces. El problema radica en que no hay una manera “humanitaria” de hacerlo. La pesca ya sea por anzuelos (usados como carnada para otros peces)  o por mallas causa sufrimiento inimaginable a los peces que puede durar por horas hasta que mueren por asfixia.

Se tiene la creencia de que los peces no sienten dolor. De hecho, mucha gente comienza su camino al vegetarianismo dejando al último a estos animales porque piensan que son los que menos sufren y lamentablemente, eso no es verdad.
Hay suficiente
evidencia científica que apunta a que los peces tienen receptores del dolor. No solo eso, sino que los peces también sienten otras experiencias negativas como el miedo y el estrés.
Un 
estudio hecho en las granjas de peces muestra que muchos de éstos pierden interés por vivir, por lo que dejan de comer y permanecen flotando en los tanques. Esta depresión se correlaciona con los altísimos niveles de la hormona del estrés (cortisol) que producen debido a su vida en tanques, donde están hacinados y viviendo  en constante competencia por comida con los demás peces, además de la manipulación por parte de los humanos.

No hay manera entonces que el pescado que uno come no haya sentido dolor. Por lo tanto, aunque es más difícil conectar con ellos que con otros animales, es necesario que empecemos a tomarlos en cuenta en nuestras decisiones. Deben dejar de ser los más olvidados incluso por la gente que se cuestiona el consumo de animales.

De hecho, un nuevo y mejor consejo para los que quieren reducir el consumo de carne, es que empiecen por los peces y pollos (y huevos), ya que estos constituyen el mayor número de animales explotados. Muchos suelen empezar por la carne de res, pero un mayor impacto lo genera el dejar de consumir peces. En cualquier caso, hagamos lo que esté a nuestro alcance y en nuestros propios tiempos, pero no nos olvidemos de los peces.

En esta Semana Santa generemos un cambio que impacte en el mayor número de individuos. Dejemos de lado los platos con pescado, y optemos por alternativas vegetarianas. Acá les dejo algunas recetas hechas tradicionalmente con pescado y adaptadas a una versión vegana.