Hace unos días, la Real Academia Española presentó la primera actualización de la 23ª edición de su diccionario. Más de tres mil palabras han sido agregadas y entre ellas se encuentra el término “especismo”. Los que participamos en el movimiento por los derechos animales estamos familiarizados con este concepto, pero para muchos todavía es una palabra nueva.

El especismo es la discriminación hacia quienes no pertenecen a una determinada especie. La forma más común de especismo es la que discrimina a los animales no humanos. Así, los humanos explotamos a los demás animales, solo por el hecho de no pertenecer a la especie humana. Esta línea divisoria a raíz de la especie no tiene justificación racional (tanto los humanos como los demás animales compartimos la capacidad de sentir, con lo cual no se justifica no reconocerles el interés que tienen en no sufrir), por lo cual decimos que el especismo es un prejuicio, análogo a otras discriminaciones como el sexismo, el racismo o la homofobia. Vemos que las definiciones dadas por la RAE transmiten en líneas generales este significado:

Aunque muchos piensen que recién una palabra existe cuando aparece en el diccionario, en realidad, es al revés. Que aparezca en el diccionario es más bien la prueba de que ya es una palabra con bastante uso. El diccionario solamente recoge las prácticas lingüísticas ya constituidas en una determinada comunidad de habla. Esta incorporación demuestra entonces que “especismo” ya es un término consolidado si no en toda la comunidad hispanohablante, sí en los ámbitos del activismo por los derechos animales y el de la academia.

Por otro lado, el lenguaje no es un simple reflejo de la realidad. Sabemos también que el lenguaje influye en cómo nos acercamos a esta. De esa manera, el nombrar cosas o conceptos los visibiliza y hace que más gente sea consciente de ciertas problemáticas. En este caso, la incorporación de “especismo” al diccionario contribuirá en que sea un término familiar como racismo o machismo, discriminaciones análogas. Conocer el término nos hace cuestionarnos sobre aquello que implica. Pasaremos de la extrañeza o risa (de la misma manera en que hasta unas cuantas décadas podía sonar inverosímil que se pidiera derechos para las mujeres) hacia el entendimiento y la reflexión sobre esas problemáticas.

Ahora bien, como algunos ya han apuntado, no es la definición técnicamente más precisa, pero cumple en transmitir el significado base. No es labor de un diccionario dar definiciones enciclopédicas o académicas. Inclusive, en el activismo, nos acercamos más a la definición dada por el DRAE, que a la dada por los especialistas.

¿Cómo surgió este término? Vemos que en realidad es de un origen bastante reciente. Especismo viene del inglés speciecism, acuñado en 1970, en un texto escrito por el psicólogo Richard D. Ryder. Este texto abordaba la experimentación en animales. Ryder hace ver que no se justifica este maltrato y es mero “especismo”, un prejuicio, es decir, no hay una razón que justifique ese trato hacia los animales.

Si bien Ryder usa este término en otros escritos, es recién en 1975, cuando podemos decir que se populariza la palabra en el movimiento por los derechos animales. Hablamos de la publicación de la canónica obra Liberación Animal, del filósofo Peter Singer.  El centro de la argumentación está en darle igual consideración al sufrimiento de los animales. No hacerlo es violar el principio de igualdad, al darle más peso a los intereses de la propia especie, aun cuando esto no se justifica.  Es decir, es caer en especismo.  Ya en 1985 se incorporó la palabra al Oxford English Dictionary. En español, su primer uso se da en el Diccionario de Filosofía, del filósofo español José Ferrater Mora, en 1979, aunque lo traduce como “especieísmo”, una forma que no caló en el movimiento hispano.

En el mundo hispano, las agrupaciones Especismo Cero (Argentina) y Acción Antiespecista (Perú) llevan en sus nombres el término para evidenciar el objetivo del movimiento: la creación de un mundo antiespecista, es decir, un mundo en el que los animales no sean discriminados y en el que sus intereses sean tomados en cuenta y respetados. No olvidemos, así, que el dejar de consumir productos animales es una instancia del antiespecismo. La lucha por los derechos animales tiene como raíz cuestionar el especismo. Necesitamos, por tanto, difundir estos conceptos. Su inclusión en el DRAE ayuda en este propósito.

Si desean saber más sobre el especismo y el antiespecismo, les dejo los siguientes enlaces: