Se dice que, alguna vez y miles de años atrás, el ser humano sentía -verdaderamente- que formaba parte de la naturaleza y sus ecosistemas. Entendía que cumplía un rol y que si tomaba, también debía entregar a cambio, en retribución.

No se sabe con certeza cuándo, pero llegó un minuto en que el ser humano dejó de sentirse parte del planeta. Llegó un momento en que el ser humano se sintió superior al resto y, como consecuencia, ya no parte de un todo sino que en la cima de todo. Allí es cuando el desequilibrio en la tierra comenzó.

Cría de ballena franca glacial // Fotografía: theguardian.com En Julio de este año diversos artículos científicos fueron publicados, advirtiendo que nos enfrentamos a la sexta extinción masiva en el planeta. Fenómeno en el cual el ser humano, como era de esperarse, cumple un rol fundamental.

A cinco meses de aquella publicación, esta semana se dio a conocer la desoladora noticia de que las ballenas francas del Atlántico Norte se encuentran en riesgo de extinción.

La causa de esta situación -una vez más- se debe en gran parte a la negligencia, vehemencia y egoísmo del ser humano.

Cría de ballena franca glacial // Fotografía: theguardian.com

Según The National Oceanic and Atmospheric Administration (Nooa), de Estados Unidos, hasta comienzos de 2017 se estimaba que la población de ballena franca glacial sólo alcanzaba los 450 ejemplares. De ese número, 17 han fallecido durante el año en curso.

¿Cuáles son las causas más recurrentes de fallecimiento? 1. Colisiones con embarcaciones y 2. Enmallamiento en redes de pesca/redes fantasma. Es decir, las dos causas principales en cobrar la vida de estos gentiles cetáceos no son otras que producto de la desidia humana.

Se estima que de la población existente, sólo hay 100 hembras en edad fértil. Al respecto, científicos señalan que la falta de alimento -producto de la sobrepesca- ha afectado, en consecuencia, brutalmente la capacidad reproductiva y de sobrevivencia de estas ballenas.

La falta de alimento ha obligado a las ballenas ampliar sus rangos de desplazamiento y, en consecuencia, aumentado las colisiones con embarcaciones.

Por otro lado, un artículo publicado por Endangered Species Research establece una conexión directa entre el enmallamiento de cetáceos y altos niveles de estrés que estos ocasionan a los ejemplares. Este estrés desencadena, en la práctica, una baja de la capacidad reproductiva.

Ejemplar de ballena franca glacial atrapado en redes // Fotografía: Sciencemag.org

¿Cuándo vamos a parar?

Ejemplares de rinocerontes ya extintos, debido a nuestra codicia.

Familias de delfines y orcas destrozadas, producto de nuestro egoísmo.

Ejemplares de tiburones en riesgo de extinción, debido a nuestra vanidad.

Y aquí estamos nosotros; aún pretendiendo ser los habitantes más inteligentes sobre el planeta.

Creyendo que mientras más dinero tengamos, más exitosos seremos.

Pensando que mientras más “likes” en Instagram y Facebook recibamos, más importantes seremos.

Cuando, en realidad somos todo lo contrario y, parafraseando a Paul Watson, no somos nada más que un puñado de monos fuera de control.

Monos que olvidaron convivir con su entorno, respetar y entender que nos necesitamos unos a los otros, no sólo para convivir sino que, más importante aún, subsistir.

Una vez extintos, no hay vuelta atrás. ¿De qué nos sirvió todo el dinero y esos likes?