La semana recién pasada, SeaWorld Entertainment anunció la renuncia de su gerente general Joel Manby. La salida de quien fue el principal ejecutivo de la compañía por 14 años, se produjo en medio de reportes de pérdidas de más de 20 millones de dólares en el último cuatrimestre del año pasado. En total, durante el 2017 la compañía perdió cerca de 200 millones de dólares.

SeaWorld que aún mantiene 3 parques operativos en los E.E.U.U., culpó de los malos resultados económicos a “problemas de percepción pública”. A pesar de ello, Joel Manby declaró en dicha oportunidad que “nos mantenemos confiados en nuestro plan de crecimiento y que superaremos los desafíos que enfrenta nuestra reputación”. Al parecer, las esperanzas que Manby aún mantenía de salvar la oscura imagen del parque finalmente se diluyeron dando paso a su renuncia.

¿El principio del fin?

Los problemas para SeaWorld comenzaron hace varios años con el estreno del documental Blackfish en el 2013. La película sacó a la luz la dura realidad que viven las “estrellas” del parque e instaló en la agenda pública un fuerte cuestionamiento hacia el trato que reciben los animales dentro de estos centros de entretención. El largometraje se centra en la historia de Tilikum, una orca que fue capturada en Islandia a los 2 años de edad y que pasó 25 años cautiva en SeaWorld. Al igual que los demás animales que viven en cautiverio dentro del parque, Tilikum presentaba claras señales de estrés e incluso estuvo involucrado en tres accidentes con instructores del parque que resultaron fatales.

Para un animal de casi 6 toneladas como Tilikum, vivir dentro de una piscina de concreto es el equivalente a que un ser humano pase su vida completa sumergido en una tina de baño.

A principios del 2017, la noticia de la muerte de Tilikum en SeaWorld San Diego generó aún más reacciones negativas de parte del público incluyendo celebridades que se manifestaron en contra de la existencia de este tipo de parques.

En un intento por limpiar su manchada reputación, SeaWorld anunció el término de su programa de reproducción de orcas en cautiverio pero esto al parecer no fue suficiente.

Blackfish generó una ola de reacciones dentro de la opinión pública al poner sobre la mesa el verdadero costo del “entretenimiento” con animales. La desaprobación se ha traducido en efectos concretos para la compañía que bien podrían ser el principio del fin de los espectáculos con mamíferos marinos en SeaWorld.

Si aún no has visto Blackfish, el documental se encuentra disponible en Netflix.