Un número creciente de personas está comiendo alimentos de origen vegetal para ayudar a proteger el medio ambiente. El 70% de las tierras agrícolas del planeta están dedicadas a la ganadería. Y con una población mundial en rápido crecimiento, la cría de animales es la principal causa de la deforestación mundial, ya que cada vez se necesitan más tierras.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que la agricultura animal es el principal impulsor de la deforestación mundial y uno de los principales impulsores de la degradación de la tierra, la contaminación y el cambio climático. La pérdida de hábitat impulsada por la agricultura animal es un factor que contribuye a la mayoría de las especies amenazadas del mundo.

Sin ir más lejos, la ganadería es responsable del 91% de la destrucción del Amazonas. Miles de millones de árboles se talan anualmente para para plantar soya y otros cereales destinado a alimentar al ganado. Mientras la ONU estima que en los últimos 25 años a nivel mundial se ha talado una superficie boscosa equivalente a la India, América Latina es el lugar donde el nexo entre deforestación y ganadería se presenta con más fuerza.

Alimentar a la población con carne demanda mucha más tierra de la que necesitaríamos para cultivar alimentos para una población vegana. Por cada 100 calorías de grano con los que alimentamos a los animales de granja, obtenemos solo alrededor de 40 calorías nuevas de leche, 22 calorías de huevos, 12 de pollo, 10 de cerdo o 3 de carne de res. No es de extrañar que los expertos describan que utilizar cereales para alimentar animales es sorprendentemente ineficiente.

Y esto sucede en todo el mundo. Por ejemplo, en el Reino Unido el 85% de la tierra está asociada con productos animales. Pero solo el 48% del total de proteínas y el 32% del total de calorías consumidas en ese país derivan de productos animales. En este contexto, cada año se pulverizan 2.5 billones de kilos de productos químicos sobre el planeta para matar plagas que podrían dañar la producción. Estos pesticidas están relacionados con una disminución alarmante en el número de aves en Europa y América del Norte, y las especies en las áreas agrícolas sufren las peores pérdidas.

Australia tiene una de las tasas más altas de extinción de especies en el mundo. Solo en el estado de Queensland, el 90% de la tala de vegetación leñosa se debe a la producción ganadera, y se estima que mata a más de 30 millones de mamíferos nativos, aves y reptiles cada año

El impacto de lo que comemos no se limita a la tierra tampoco. Más del 25% de los bancos de peces del mundo han sido empujadas más allá de sus límites biológicos o necesitan una acción dramática para restaurarlas, y poblaciones enteras están al borde del colapso. Y eso no es todo: más de 600,000 mamíferos marinos al año son capturados accidentalmente por la industria pesquera, lo que lleva a muchas especies al borde de la extinción. Se calcula que por cada kilo de pescado, hay 2.5 kilos de “pesca incidental”: delfines, tiburones, tortugas y mantas, entre otras especies, que mueren como daño colateral.

¿Y si hubiera una forma de vivir que necesitara mucho menos tierra? ¿Que proporcionaría espacio para que los ecosistemas silvestres y la vida salvaje florezcan? Hay una manera: elegir comer alimentos de origen vegetal.
“Si realmente queremos reducir el impacto humano en el medio ambiente, lo más simple y barato que cualquiera puede hacer es comer menos carne. Detrás de la mayoría de las porciones de carne de res o pollo en nuestros platos hay un sistema de agricultura que desperdicia muchísimo dinero y que consume mucha energía que destruye bosques, contamina océanos, ríos, mares y aire, depende del carbón y del petróleo, y es significativamente responsable de cambio climático”, asegura John Vidal, editor de The Guardian Environment.

Fuente: Veganuary.