Desde muy pequeño tuve la posibilidad de mantener un regular contacto con los océanos. Era usual recorrer las playas del litoral de Chile, apreciando, disfrutando de la flora y fauna de los mares y sus entornos.

En aquel entonces, era normal golpear un poco con los talones de los pies la arena de la orilla del mar, para encontrar no una, sino que decenas de machas. Machas de todos los tamaños, pero predominantemente más grandes que la palma abierta de mi mano.

La abundancia de moluscos y vida marina era normal. En clases de Historia y Geografía nos enseñaban que el mar era una fuente inagotable de recursos. Hoy en día, eso ya no es así y, en realidad, nunca lo fue. El error comenzó desde el primer momento en que decidimos clasificar al mar como fuente y a su vida marina como recursos.

El problema:

Usualmente, la gente común y corriente piensa que sus actos particulares no generarán cambio alguno en el entorno. Sus simples acciones no podrían contribuir a la conservación de los océanos y medio ambiente. Muchos piensan que es necesario disponer de tiempo libre e ir de activista por la vida para poder generar cambios importantes.

Todo lo contrario, en muchos casos, para ayudar a conservar sólo basta la voluntad.

Sólo basta la voluntad de decir “no, gracias”.

La normativa:

Las machas han sido arrasadas a lo largo de toda la costa del país. En algunos lugares, la situación es más crítica que en otros.

Desde el 02 de Agosto de 2017 existe una absoluta prohibición de capturar, comercializar, transportar, procesar y almacenar machas y productos derivados en tres regiones de Chile: Valparaíso, O’higgins y el Maule. Esta prohibición se extiende por 5 años.

El objetivo de esta medida no es otro que recuperar los bancos de ejemplares en áreas de libre acceso.

“Pero es que al fin pude pegarme el pique a Valpo, ¿cómo no me voy a comer unas machitas a la parmesana?”,

“Nah, unas machitas con limón y yastá, total todos hacen lo mismo, ¿por qué yo tengo que privarme de hacerlo?”

Oiga jefe, le tengo unas machas fresquitas, ¿quiere? No, gracias.

Si cada uno de nosotros manifiesta la misma voluntad, la explotación ilegal del recurso ya no tendrá sentido. Si nadie compra, ya no es un negocio rentable. Si no es rentable, simplemente no vale la pena extraerlas desde su hábitat, el mar.

¿Te das cuenta, ahora, la diferencia que un simple NO, GRACIAS podría significar?

Toma acción:

La autoridad, Subpesca, ha hecho un llamado a todas las personas a ser responsables y denunciar cualquier actividad de extracción y comercialización -en los pertencientes a las regiones de Valparaíso, O’higgins y Maule- que sea observada.

El número de contacto, para hacer las denuncias, es: +56 800 320 032.

La conservación de los océanos y recuperación de sus frágiles ecosistemas depende de todos nosotros. Simplemente, es cuestión de voluntad.