Vil. Brutal. Despiadada. Estúpida. Inhumana. El más puro reflejo de cuan bajo el ser humano puede llegar a caer.

Para muchos, eso es lo que mejor describe y resume la caza de ballenas. No tenemos problema alguno en enérgicamente decirlo y mucho menos en defenderlo, con acciones concretas si es necesario, ya que quedarse en meras pancartas y posteos en redes sociales no basta.

Para otros –en muchas ocasiones- es mejor hacerse los desentendidos del tema, en pos de un fin mayor.

En el verano austral de 2008, el gobierno de Australia –luego de una gran presión ciudadana y de organizaciones no gubernamentales- decidió enviar un buque de patrullaje –el M/V Oceanic Viking- con el objetivo de documentar las actividades ilegales de caza de ballenas que la flota ballenera japonesa practica año a año en una zona reconocida y protegida internacionalmente como el “Santuario de ballenas del Océano Austral”, en Antártida.

Descripción: Factoría Nisshin Maru con ballena minke, ya sin vida. // Sea Shepherd, Operation Zero Tolerance 2012-2013.

El material registrado –un ballenero japonés disparando su arpón explosivo y dando muerte a una ballena minke- fue ocultado por las autoridades australianas y no vería la luz pública hasta nueve años más tarde -Noviembre de 2017- y luego de cinco años de batalla fundados en el derecho al libre acceso de información, iniciativa liderada por Environmental Defenders Office NSW, Human Society International Australia y Sea Shepherd Australia.

¿Cuál fue la razón para no revelar esta información? De acuerdo a las autoridades, “las horribles imágenes registradas podrían dañar las relaciones diplomáticas que Australia mantiene con Japón”Simplemente increíble.

¿Olvidar códigos éticos en pos de relaciones diplomáticas?

¿De qué sirve mantener las relaciones diplomáticas, cuando agentes repulsivos no le atribuyen el mismo valor e importancia, de manera recíproca?

Relaciones diplomáticas fueron las que llevaron a Japón a juicio, ante la Corte Internacional de Justicia en la Haya, por caza ilegal de ballenas. El gobierno de Japón fue declarado culpable de disfrazar la caza comercial de ballenas bajo el pretexto de “caza científica”. Y, ¿de qué sirvió esta diplomacia? Pues de nada.

Sea Shepherd, campaña de defensa de ballenas “Operation Relentless” 2013-2014.

Ahora mismo, la flota ballenera se dirige rumbo al mismo Santuario Austral de ballenas en la Antártida y con el mismo fin que aquel registrado en el material audiovisual hoy liberado: masacrar ballenas en el falso nombre de la ciencia.

333 ballenas son la cuota autoimpuesta por los balleneros ilegales japoneses. Este número, en la práctica, muy probablemente se duplique (gran parte de los gentiles ejemplares asesinados son madres preñadas).

Un Santuario austral que, nuevamente, volverá a ser violentado por la codicia y orgullo de un grupo de matones para quienes la diplomacia y la ética no son más que conceptos utópicos, burdos chistes.

333 son las vidas condenadas a sacrificio, producto del egoísmo de autoridades que olvidan a quienes les eligen y a quienes se deben.

Para nosotros, no hay relación diplomática que importe, cuando valores y principios básicos de ética deban prevalecer.

333 no es sólo un número, sino que también 333 razones por las cuales luchar, día a día y jamás callar.

333 razones de compasión, empatía y respeto por ellas, a quienes poco y nada les importa la diplomacia o la necesidad de quedar bien con el otro muy propias de los seres humanos, sino el simple deseo de vivir.